El presente proyecto se redacta con carácter académico, tiene como principal objetivo determinar qué incidencia tiene la economía y el desarrollo de Colombia con la conservación del medio ambiente y los cuerpos de agua, la población foco de estudio se encuentra en la ciudad de cartagena y el cuerpo de agua el cual se estudiará serán la ciénega y los manglares.
1. Los Ecosistemas de Manglar
En Colombia son considerados de importancia estratégica para el país pues prestan innumerables servicios ambientales y son de importancia desde el punto de vista cultural. Así mismo, son el soporte para las actividades productivas de las comunidades aledañas, y están ubicados en costas abiertas, tropicales y subtropicales de suelo plano, fangoso y aguas relativamente tranquilas; este nombre se aplica de manera general, a las asociaciones de vegetales costeros que poseen en común algunas características morfológicas y fisiológicas, a pesar de pertenecer sus árboles a grupos taxonómicos distintos.2 Entre estas características se destacan las diferentes adaptaciones para ocupar sustratos inestables, marcada tolerancia al agua salada y salobre, adaptaciones para intercambiar gases en sustratos anaerobios y poseer reproducción por embriones (propágulo). Entre los innumerables valores que posee el bosque de manglar, se halla la productividad de sus formaciones boscosas, su condición como hábitat, zona de alimentación y zona de refugio; desempeña un papel sobresaliente como importador y exportador de materia orgánica y de energía, por ser un ecosistema abierto. Además, contribuye a la protección de las costas, estabilizando y fijando el suelo.
De las nueve especies de mangle que existen en Colombia en el Caribe colombiano se han registrado cinco especies que son propias de esta región del país: mangle negro (Avicennia germinans), mangle rojo (Rhizophora mangle), los cuales son los mas abundantes y de mayor uso, mangle blanco (Laguncularia racemosa), mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae) y mangle zaragoza (Conocarpus erecta) (Sánchez, 2001). En el departamento de Bolívar se encuentran reportadas estas cinco especies.
En el norte de Cartagena de Indias, capital del departamento de Bolívar, en Colombia se encuentra uno de los humedales costeros más importantes del país conocido como Ciénega de la virgen-Juan Polo o de Tesca. Este se trata de una gran masa de agua salobre, que tiene un área superficial aproximada de 20 Km2 y una profundidad característica de 0.9m.3 En la ciénega y los canales internos que la interconectan con el mar, se albergan manglares que forman bosque y un ecosistema valioso y frágil debido a las constantes presiones que ejerce las comunidades aledañas a ellos. A la ciénega llegan las aguas provenientes de varios arroyos que se originan en la cuenca hidrográfica de la ciénega de La Virgen, que cubre una superficie de aproximadamente 500 Km2. también llegan aguas procedentes de drenajes pluviales del área urbana de la ciudad, acompañada por aguas residuales de las conexiones ilegales del alcantarillado, vertimientos de estaciones de servicio y residuos solidos que arrojan los habitantes de la comunidades adyacentes a estos canales.
1.1 Importancia biologica del manglar y especies nativas
♦ Favorecen la protección costera contra la erosión.
♦ Protegen y proveen alimento a los alevines y peces juveniles.
♦ Aproximadamente el 70 % de los organismos capturados en el mar, realizan parte de su ciclo de vida en una zona de manglar
♦ Son considerados fuente de alimento para la población humana ya que alberga una gran cantidad de especies comestibles.
♦ Ofrecen una gran cantidad de alimento para las aves marinas residentes y a su vez acumulan alimento para las aves migratorias.
♦ Proveen un microclima adecuado para el desarrollo de las especies.
1.2 Importancia económica del manglar y especies nativas
♦ Protegen contra la erosión costera derivada del oleaje y las mareas. El denso y alto del bosque de manglar es una barrera efectiva contra vientos de huracanes, aun durante temporadas de fuertes tormentas.
♦ Son un atenuador contra posibles cambios climáticos no solo por ser fijadores de CO2, sino ademas porque el manglar inmoviliza sedimentos ricos en materia orgánica.
♦ Atrapan contaminantes, compuestos orgánicos tóxicos persistentes y metales pesados
♦ Se estima que por cada especie de manglar destruida se pierden anualmente 767 kg de especies marítimas de importancia comercial.
1.3 Desarrollo Urbano y Sostenibilidad Ambiental
El crecimiento urbano de la ciudad de Cartagena no ha sido ajeno a controversias y conflictos derivados de las decisiones tomadas por los encargados de la planificación del desarrollo. De esta forma, en los últimos años han adquirido mayor visibilidad y relevancia los conflictos ambientales relacionados con los usos del territorio, y los costos y beneficios que se desprenden de los esquemas de uso implementados. En este orden de ideas, los conflictos resultan especialmente álgidos en ciudades como Cartagena, que en medio de una profunda situación de pobreza, presenta por un lado, altos costos de la propiedad y limitaciones espaciales para su crecimiento urbanístico, y por otro, empiezan a emerger grupos sociales educados y políticamente activos, lo que lleva a la aparición de conflictos ambientales en torno a proyectos productivos, de infraestructura, e inmobiliarios, en virtud de los potenciales impactos ecosistémicos que estos puedan generar. De esta forma, los conflictos ambientales se suscitan entre actores de una localidad por intereses opuestos en torno al impacto ambiental (o externalidades) de una actividad o proyecto. En este tipo de conflictos resultan determinantes los intereses y la información con que cuenten los agentes, acerca de las externalidades y sus consecuencias sobre el bienestar económico y social de la ciudadanía. Entonces, la planificación basada en el ordenamiento territorial, a partir del cual se realizan zonificaciones del uso del suelo que limitan y condicionan las posibilidades de aprovechamiento del mismo, no se compadece con las verdaderas necesidades del desarrollo de la ciudad, más cuando los criterios de zonificación, especialmente para el caso ambiental, no responden a evaluaciones técnicas de la realidad, dejando de lado aspectos como la funcionalidad, ecosistémica y el bienestar social frente a las decisiones de uso y/o conservación del suelo. Así las cosas, la discusión en torno al ordenamiento ambiental urbano, no debe centrarse exclusivamente en el impacto ambiental de los proyectos, sino también en su impacto económico, social y cultural. El tema no es la zonificación para la conservación de los recursos naturales o del equilibrio del maltrecho ecosistema manglarico urbano de Cartagena, sino que, se trata de un problema integral que abarca los sistema de vida locales y el territorio, visto como una ciudad, que en esencia no puede ser aproximada con las características y estándares ambientales que utópicamente se vislumbran en las zonas rurales. Lo anterior agudiza la crisis ambiental y urbana de Cartagena, más cuando el auge del negocio inmobiliario y la masificación del uso de automóviles y motocicletas, imponen una necesidad de expansión funcional del suelo en pos de la movilidad interna, de la cual dependen la realización de las actividades económicas características de las ciudades, y la configuración de lugares de encuentro para el desarrollo social de los cartageneros. Sin embargo, para el caso de los conflictos relacionados con las decisiones de manejo de los manglares urbanos, no se evidencia que las comunidades vecinas se desplacen a proteger estos ecosistemas como sus “espacios vitales”. Paradójicamente, los conflictos ambientales en torno a los manglares, han sido promovidos por un reducido grupo de personas que de manera visible y respetable esgrimen los argumentos de la protección ambiental. En este sentido, más allá de la validez técnica de los argumentos presentados, es importante reconocer estas actuaciones, más cuando de una u otra manera contribuyen a la formación de una conciencia, que se traducirá en la acción organizada de la sociedad para manifestarse ante los daños ambientales. Por otra parte, existe una tendencia de las comunidades a acoger los proyectos que las involucren. Todos están a favor del desarrollo económico, y aunque muchas veces se dan por descontadas las externalidades que estos pueden generar, las comunidades quieren los proyectos, pero también buscan proteger y mejorar su calidad de vida, y en este caso, tal como lo revela la pobre participación ciudadana en la defensa de los manglares, los cartageneros no ven en estos ecosistemas un elemento generador de calidad de vida, situación que se configuraría en una falla de mercado con eventuales nocivas consecuencias sobre el medio ambiente urbano.
1.4 Planificación Urbana y Costos Sociales
Tal como ya fue expresado, para el caso de la ciudad de Cartagena la urbanización es la principal causa de la perdida de manglares . Esto en lo que respecta a la reducción física de la cobertura manglárica, no obstante, el daño asociado a la urbanización trasciende la disminución de las zonas de mangle y genera efectos relacionados con desecación de humedales, contaminación de cuerpos de aguas, afectación dinámica hidráulica, destrucción de corredores biológicos, e introducción de especies foráneas, entre otros. En este orden de ideas, la conservación de los manglares enfrenta su principal reto en las zonas urbanas, más cuando las decisiones de uso y/o conservación de estos, implican, en cada uno de los casos, altos costos económicos, ambientales y sociales. El valor del suelo es alto en las zonas urbanas, y más en una ciudad que como Cartagena presenta limitaciones espaciales que restringen el crecimiento, tanto de la malla vial como de las zonas residenciales.
El crecimiento urbano no es solamente fuente de degradación ambiental, sino que a la vez implica crecimiento económico y mejorías ambientales y sociales. Los desarrollos urbanos en áreas de manglar se constituyen en una alternativa válida dentro de la planificación urbana, lo cual se constituye en un incentivo para la realización de este tipo de actividades. En este sentido, el costo de conservación de los manglares urbanos, va más allá de los gastos en que incurrirían las autoridades correspondientes, en la protección y mantenimiento de éstos, sino que se relaciona con los costos de oportunidad de las actividades no emprendidas. Así las cosas, si la conservación de los manglares urbanos enfrenta altos costos de oportunidad, se mantendrán los incentivos para su aprovechamiento en usos alternativos. De esta forma, los altos costos de oportunidad se traducen en mayores presiones políticas de los urbanizadores y planificadores urbanos hacia las autoridades ambientales encargadas de su protección, e incluso, hacia los legisladores, para permitir el uso de las zonas de manglar en actividades urbanas tradicionales.
1.5 Valoración Económica de los Manglares Urbanos
Los manglares prestan una amplia gama de bienes y servicios ambientales, que ha llevado a replantear la visión tradicional que científica y popularmente se tenía de éstos. Esta situación ha propiciado cambios de opinión que han repercutido en el desarrollo de la normatividad y políticas públicas tendientes a su conservación. Sin embargo, estos valores no son identificados a manera de bienes y servicios de mercado con precios definidos que puedan ser directamente apropiados por los ciudadanos aumentando así sus niveles de bienestar. Esta situación inclina la balanza hacia la desaparición de las zonas de manglar, por lo que en ausencia de regulación ambiental los agentes públicos y privados preferirán hacer uso de las zonas de manglar, toda vez que el beneficio económico privado efectivo de la urbanización es mayor que el valor ambiental individual capturado de conservar. Sin embargo, es posible que desde el punto de vista social suceda lo contrario. Lo anterior toma más importancia si se considera que para el caso de Cartagena, la urbanización ha sido la principal causa de la perdida de manglares . Por esto, el manejo de estos ecosistemas enfrenta su principal reto en las ciudades, más cuando las decisiones de uso y/o conservación, implican en cada uno de los casos, altos costos económicos, ambientales y sociales. En este orden de ideas, la urbanización de las áreas de manglar se constituye en una alternativa válida dentro de la planificación urbana, lo cual genera incentivos para la realización de este tipo de actividades. En este sentido, el costo de conservación de los manglares, va más allá de los gastos en que incurrirían las autoridades, en la protección y mantenimiento de estos, y se relaciona con los costos de oportunidad de las actividades no emprendidas. Si la conservación de los manglares urbanos enfrenta altos costos de oportunidad, se mantendrán los incentivos para su aprovechamiento en usos alternativos. De esta forma, los altos costos de oportunidad se traducen en mayores presiones políticas de los urbanizadores y planificadores urbanos hacia las autoridades ambientales encargadas de su protección, e incluso, hacia los legisladores, para permitir el uso de las zonas de manglar en actividades típicamente urbanas. De la misma forma, si resultara posible identificar y cuantificar el valor económico de cada uno de los bienes y servicios ambientales derivados de la existencia de los manglares urbanos, la suma de estos beneficios, tal vez podrían ser mayores al beneficio de realizar desarrollos urbanos, lo cual sería un incentivo a la conservación de estos ecosistemas. Así las cosas, saber cuando es lo más, esto, en lo que respecta a la reducción física de su cobertura, no obstante, el daño asociado a la urbanización trasciende la disminución de las zonas de mangle y genera efectos relacionados con desecación de humedales, contaminación de cuerpos de aguas, destrucción de corredores biológicos, e introducción de especies foráneas, entre otros. Conveniente para la sociedad conservar, ó urbanizar las zonas de manglar, implica la valoración de los bienes y servicios ambientales que se desprenden de la conservación, para sopesarlos con los beneficios asociados a la urbanización. De esta forma, la Valoración Económica Ambiental se constituye en una importante herramienta de gestión que aporta criterios a los planificadores para abordar la solución de los conflictos en cuanto a las opciones de manejo de Manglares Urbanos, sin perder de perspectiva el efecto (en términos monetarios) que sobre el bienestar de los ciudadanos generan tanto estos ecosistemas, cómo los proyectos coyunturales que pudieran afectaros. Con este propósito, se han desarrollo una serie de métodos para la estimación de los beneficios asociados a los bienes y servicios ambientales, e incluir así los activos ambientales en el cálculo de las decisiones de desarrollo económico. En este sentido, Freeman (1993) afirma que la medición del costo o beneficio de las mejoras ambientales en términos monetarios es un poco más complicado que la valoración de bienes que se pueden transar sin problema en los mercados. Esta estimación monetaria se complica debido a que la mayoría de los bienes y servicios que provienen del medio ambiente son bienes públicos para los cuales no existen mercados, y por lo tanto no tienen precios que reflejen su valor.
Bibliografía
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Universidad Tecnologica de Bolivar. Obtenido de Biblioteca Universidad
Tecnologica de Bolivar: https://biblioteca.utb.edu.co/notas/tesis/0052233.pdf
Diaz, C., Catro, I., & Manjarrez, G. (2010). EUMED. Obtenido
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PNUMA, & Cartagena, A. d. (05 de 2009). UNEP. Obtenido de
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https://wedocs.unep.org/bitstream/handle/20.500.11822/9212/-Perspectivas_del_Medio_Ambiente_Urbano_-_GEO_Cartagena-2009GEO_Cartagena_2009.pdf.pdf?sequence=3&isAllowed=y